«Y por la mañana, al levantarse de madrugada, Jesús salió y se fue a un lugar solitario, y allí oraba. Simón y los que estaban con él fueron tras Jesús y al encontrarlo le dijeron: “Todos te buscan.” Él les dijo: “Vayamos a otro lugar, a las aldeas vecinas, para que predique también allí, porque para eso he venido.” (Mt., cap.1, vs.35-38*).
¿Forman parte de su rutina diaria las oraciones? Al pensar en la respuesta, excluyan los momentos en los que su atención está dividida. Piensen únicamente en los casos en que están completamente enfocados en Dios. Aunque orar en cualquier momento es algo bueno, debemos reservar un tiempo y lugar especial cada día para comunicarnos con el Señor.
Aunque Cristo es el Hijo de Dios, Él conoce la importancia de la soledad para orar. No hace nada por sí mismo, sino que vive en dependencia del Padre. En el pasaje bíblico de hoy, no sabemos exactamente por qué oraba. Pero cuando los discípulos interrumpen su oración matutina, es evidente que en su comunicación con Dios Padre, el Señor Jesús había recibido guía para ese día: ir “a otro lugar” para predicar.
Cristo es el ejemplo perfecto de vida según el Espíritu. Dado que estamos llamados a seguir sus pasos, ¿no sería lógico encontrarnos con Dios para prepararnos para el día venidero (Salmo 5:3)? Es el momento de dejar nuestras preocupaciones a sus pies, buscar su guía, confiarle nuestra protección y provisión para nuestras necesidades, así como interceder por los demás.
Aunque muchas cosas demandan nuestro tiempo y atención, debemos esforzarnos por hacer de la oración una parte invariable de nuestra rutina diaria. Cuando se convierte en nuestra prioridad, tendremos una base firme para el día, sin importar lo que nos depare.
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* Las citas bíblicas son de Biblia, nueva traducción de los idiomas originales © Sociedad Bíblica Búlgara 2013